martes, enero 07, 2020

¿Tú también lo has visto?

Pasaron los Reyes Magos y, como cada año, los niños fueron buenos todo el año por un día (un rato) y disfrutaron viendo la cabalgata en directo o por televisión. Algunos, como Marco, aun sin saber qué es eso de los Reyes Magos, saltaban de alegría y bailaban al paso de las carrozas, disfrutando de los destellos de las luces que las adornaban y la algarabía que se montaba a su alrededor.
Y da igual que sepan que los Reyes son los padres o que sigan imaginando camellos persiguiendo a una estrella con cola. Esa noche se acuestan a la hora que se les dice y duermen nerviosos esperando ver qué les depara el amanecer. Los hay ambiciosos, que se enfadan si los Reyes no les trajeron exactamente el regalo y la marca exacta que ellos pidieron, y los hay más conformistas, que se alegran con cualquier cosa que les haya caído en suerte; incluso les emociona más un detalle tonto que la mejor escopeta de la guerra de las galaxias.
Si hay algo que a mis nietos les genera un cariño especial por su abuelo es la “motoreta”. Tanto a Diego como a Marco, y muy pronto a Ángel Alejandro, les encanta que me suba al trasto eléctrico, los siente sobre mis rodillas y los saque a dar una vuelta por la calle o vaya al cole a recogerlos. Y si los dejo conducir, es el éxtasis. A Diego le digo de vez en cuando que ya está en condiciones de que tráfico le conceda el permiso de conducir motoretas, aunque sólo sea en circuito cerrado. Para Reyes le he preparado el carnet y se lo he dejado entre los regalos; ha sido una de las cosas que más ilusión le ha hecho: un cacho de papel plastificado. Y es que los niños siguen siendo niños y viven mucho más de ilusiones que de valores materiales.


Cuando dalr tenía 5 o 6 años, ya había planteado dudas sobre la procedencia de los regalos de Reyes. Hemos procurado no mentirle y le dimos una somera explicación sobre la tradición de la fiesta. Aquel mismo año, en víspera de Reyes fuimos a casa de mi suegro. Sin avisar. El yayo no estaba y dalr se metió de sopetón en su habitación del yayo; ¡oh sorpresa!, sobre la cama había un barco enorme (de juguete, claro) con motor y todo. Salió con los ojos como platos:
- ¡Papá, papá! Mira lo que me ha comprado el yayo.
Traté de explicarle que seguramente eso sería lo que el yayo había comprado para Reyes y lo tenía preparado para que Sus Majestades se lo dejaran cuando llegase el día.
- Pero me van a traer el barco ¿verdad?
- Lo más seguro
- ¿Puedo jugar con él un ratito?
- ¡Noooo! Y no le digas a nadie que lo has visto, no vaya a ser que se arrepientan.
No se lo dijo a nadie. Ni siquiera se refirió al suceso cuando llego el día de Reyes. Sin embargo, la misma tarde que descubrió el barco en la casa del yayo nos visitaron Jóse y Mary Carmen, unos amigos que hicimos Quiosquera y yo en nuestro viaje de novios. Le comenté a Jóse la historia del barco y no pudo resistir la tentación.
-Me parece -le dijo a dalr- que los Reyes Magos te van a traer un barco.
Dalr no dijo ni que sí ni que no. Lo miró, y con cara más de curiosidad que de sorpresa, le preguntó.
- ¿Tú también lo has visto?

viernes, diciembre 13, 2019

Nación plurinacional


He pasado un fin de semana chungo, en la cama, con las tripas en guerrilla y con 39, de los cuales, 38 eran grados y el 39º era mi nieto, con mocos hasta en las orejas y con 39,5, todos de verdad. Hemos dormido mucho y comido poco; total, que lunes y martes los he pasado medio atontado. El lunes espatarrado en un sillón y el martes intentando leer. Como no me concentraba he acabado en la prensa.
Sin querer, he tropezado con Miquel Iceta y su entrevista que publica La Razón. “En España hay 8 naciones, las he contado”. Más adelante, la entrevista muestra que realmente dijo que son 8 o 9.
- Las he contado. Según los Estatutos de Autonomía, ocho, y si sumamos el preámbulo de Navarra, nueve. Los Estatutos de Galicia, Aragón, Valencia, Baleares, Canarias, Andalucía, País Vasco y Cataluña dicen que son nacionalidades, o nacionalidades históricas. Nación y nacionalidad son sinónimos.
No puedo entender que tamaña imbecilidad pueda caber en un solo cuerpo. Y no me refiero al de Iceta, el imbécil soy yo que llevo 70 viviendo en el extranjero y no me había dado cuenta hasta hoy. Y eso que me lo han ido poniendo a huevo.
. Cuando era pequeño, aprendí que en España convivíamos dos naciones: gitanos y castellanos, independientemente de nuestro lugar de nacimiento.
. Tiempo después aprendí que había más diferencias. Una señora, pariente de mi patrona, me preguntó:
- ¿Usted es castellano, oi?
- No.
- ¡Ah, es del país!
- No
Se me quedó mirando perpleja.
- No, no soy del país, soy serrano.
Creo que no pilló el chiste, pero se rio. Desde entonces fui “aquell noi tan simpàtic de la Josefina

Vienen las anécdotas a cuento porque, con mucho esfuerzo, puedo llegar a entender que no se reconozca la nacionalidad de Asturias, León o Granada, pero por más vueltas que le doy soy incapaz de asimilar que la “realidad histórica” que ha hecho que España sea admirada, temida, odiada y ocupe un lugar preeminente en la historia del mundo, Castilla, sea una mera región. Y eso que, como cuento en mis anecdotillas, a los españoles se nos confunda muchas veces con castellanos. Claro que también es raro que la NACIÓN de naciones tampoco aparezca en la lista de naciones.

sábado, octubre 26, 2019

Saber idiomas



En mis tiempos de estudiante lo normal era elegir francés como segundo idioma. Sólo unos cuantos iluminados se habían dado cuenta de que los yanquis imponían sus reglas y, si no dominabas su lengua, lo ibas a tener difícil para moverte por el mundo. La verdad es que a mí me daba igual: puedo llegar a aprender a leer en un idioma, a traducirlo e, incluso, a escribirlo, pero soy un negado total para hablarlo o entenderlo; así que mis esfuerzos por aprender protestante han sido en vano. Digo mal: no han sido en vano, porque, mal que bien, puedo entender las instrucciones escritas, pero sigo sin entender las palabras de bienvenida del piloto o la azafata cada vez que cojo un vuelo.
Y si hablamos de visitas guiadas en países exóticos, donde es harto complicado dar con un cicerone que hable español… Recuerdo que en Topkapi hay una zona que sólo se visita con guía; en la taquilla me dijeron (me pareció entender) que a las 9 estaba programada la visita en alemán, a las 10:30 en inglés y a las 12 en francés. Elegí la visita en alemán porque de todas maneras no iba a enterarme. Fuimos un poco retrasadillos del grupo y seguimos la Guía Anaya, que lo explicaba muy bien.

Lo cierto es que eran otras épocas. Ahora dominan el móvil y la red y no hace falta saber idiomas para entenderse. En enero nos dimos una vuelta en crucero por Tailandia, Malasia y Camboya, teniendo como origen y final Singapur. En Pattaya tomamos un taxi para medio día y la primera visita que hicimos fue al Mercado Flotante. Era un poco complicado entenderse con el amarillo; hablaba inglés como si fuera de Londres y estuviese radiando un partido de fútbol. No le pescaba ni una y pedí que me lo escribiera. Sacó el teléfono, escribió un chorro de garabatos y le dio a traducir; con mi inglés macarrónico interpreté algunas cosas, pero aquello tenía poco sentido.
-        ¿Me lo puedeh poneh en Spanih?
-        - ¿Spanish? Okey, okey.
El tío accedió a otra app, habló en tailandés y el móvil hizo de intérprete. Tampoco es que nos entendiéramos mucho, pero con buena voluntad echamos un buen día.
A partir de ahí todo fue más fácil.

En Malasia, concretamente en Penang, nuestro taxista dominaba menos el inglés, quiero decir que el tío lo dominaba, pero lo pronunciaba como yo. Aun así, pudimos llevar una conversación fluida. Hicimos la visita que yo había programado y, como sobraba tiempo, nos llevó a ver unos templos budistas (sleeping buddha y sitting buddha) que no habíamos previsto y, como fin de fiestas, nos quería llevar a una tienda de suvenires y cafés típicos malayos.
-        - No -le dije- Yo quiero ver el ayuntamiento.
-        - Nou. Ay uont tu si de taun jol -tradujo el móvil-.
El asiático habló en inglés con su móvil y me puso la traducción.
No te preocupes -dijo el aparato-. Primero vamos de compras, luego vemos el ayuntamiento y después los llevo a la oveja.
-        - Okey -contesté en vivo y en directo.
Quiosquera me miró extrañada.
-        - ¿Cómo le dices O.K. si nos quiere llevar a la oveja?
-        - Es que este tío habla inglis como yo: güí going tu de ship.
Lo entendió y nos echamos a reír.
El indígena en vez de SIp (de ship, barco) había pronunciado Sip (de sheep, oveja).

miércoles, julio 31, 2019

Fiestas de Santiago: 50º aniversario




Supongo que he contado tropecientas veces cómo Santiago apóstol llegó a ser el patrón de El Pozuelo y en qué circunstancias se organizaron las primeras fiestas. Me remito al post “Santiago apóstol”, que relata el precedente de la fiesta, y a “Santiago (de Compostela, por supuesto)”. donde cuento una de las razones principales por la que se eligió precisamente a Santiago; la otra razón de importancia fue que la Virgen del Mar se celebra los días 6, 7 y 8 de septiembre, fecha en la que los estudiantes estábamos en Granada preparando o examinándonos de las asignaturas que habíamos cateado en junio.
Aunque la razón esgrimida por los del “contubernio de la playa” para pedir la autonomía respecto a la parroquia de La Rábita fue el recuerdo del “Se vaaaa, se va se va…” que nos cantaron en la puerta de la iglesia el día que, a primera hora de la mañana, recogimos la imagen de la Virgen para instalarla en el garaje de don Pepe y rendirle homenaje. Nos hizo recordar la absurda rivalidad entre dos pueblos hermanos y vecinos, que nos apreciamos cuando nos encontramos lejos del municipio, pero que nos ponemos zancadillas a la hora de actuar como paisanos.
Si no recuerdo mal, la decisión la tomamos en la pensión Huéspedes la Costa entre Constantino, Refalillo, Juanico Lola y yo, durante un receso en nuestra jornada de estudio. Pusimos la idea en conocimiento del resto de estudiantes alojados en Granada y ninguno (Paco Pepe, Julián, Pepe Romero, etc.) puso objeción; así que nos pusimos a buscar un Santiago que estuviese al alcance del montante que pudiésemos reunir en una futura colecta entre los pozoleros y guareeños. No tardamos en comprobar que la tarea iba a ser harto complicada: no encontramos en “toda” Granada una imagen del apóstol y las que podían parecérsele costaban un ojo. En un almacenillo entre Bib Rambla y Reyes Católicos, creo recordar, encontramos la estatuilla de escayola que se adaptaba a nuestras necesidades: era un “Santiago” más joven de lo acostumbrado, sin caballo ni concha ni calabaza… al módico precio de 6000 pts. Apalabramos la compra y nos pusimos a discurrir la forma de recaudar el dinero que necesitábamos sin tener que poner nada de nuestro bolsillo; la verdad es que actuamos como verdaderos Ministros de Hacienda: pedimos a Alberto Zamora, Juan el Merguizo, Rosendo Galdeano y mi padre, que nos adelantaran 1500 pts cada uno y que ellos mismos fijaran un día para rebajar unos céntimos el kilo de tomates en sus respectivas corridas para recuperar el importe adelantado. No sé cómo hicieron el prorrateo. Ni siquiera sé si recuperaron el dinero o no. Lo extraño es que, una vez más, si fiaran de cuatro mocosos y nos dieran el dinero en nombre de los agricultores de El Pozuelo y Huarea.
El santo lo trajo Constantino; le tocó porque fue el último en acabar los exámenes de fin curso. El cura, D. Francisco, no vio muy claro que la imagen de escayola representase al santo que nosotros decíamos, aunque no puso ningún reparo.
El problema surgió años más tarde. D. Francisco había muerto y no había párroco fijo. Mandaron un sacerdote de la Contrarreforma; resulta que aquel año me pillaron las vacaciones en El Pozuelo y, supongo, la gente todavía recordaba que yo había sido ubo de los promotores de la fiesta. Estaba poniéndome guapo para no desentonar en la procesión, cuando llegaron dos o tres chavales:
- Antoñico, que el cura no quiere sacar la procesión.
- ¿Y qué queréis que haga? -pensé-.
Lógico. Que fuera a hablar con el religioso y lo convenciera.
Lo encontré en la entrada de los pisos de D. Pepe.
- Mire usted -me dijo-, he pasado varios años en las selvas del Amazonas y aquellos pobres indios tienen más fe que la gente de este pueblo; nadie les ha hablado de Dios y, sin embargo, abrazan las nuevas creencias con devoción. Esta mañana apenas ha venido nadie a misa y quiere usted que saque la procesión… Lo único que quieren ustedes es que se celebre la fiesta pagana.
- Bueno, en realidad fue la iglesia católica la que nos enseñó esa mecánica a lo largo de los años: los predicadores ponían un santo allá donde los idólatras celebraban sus fiestas. Paganas o religiosas. Los jóvenes empiezan yendo a la fiesta a divertirse y, al final, se hacen de votos de Santiago.
- Por cierto, esa no es la imagen de Santiago, es su hermano Juan.
La imaginería no es mi fuerte, pero yo siempre he visto a Juan Evangelista con una pluma en la mano y u libro en la otra… y barbilampiño; nuestra imagen luce una barbita frondosa. Pero no era cuestión de meterse en discusiones teológicas.
- Verá, padre -insistí-, yo me llamo Antonio. ¿Sabe usted por qué?
- Porque sus padres así lo decidieron, imagino.
- Sí, y porque cuando me echó el agua en la pila bautismal, D. José, el cura que entonces había en La Rábita, dijo “Antonio, yo te bautizo en el nombre del Padre…”. Cuando D. Francisco bendijo esta imagen de escayola lo nombró Santiago… y, desde entonces, ese es su nombre.
Dio media vuelta y se introdujo en el portal de los pisos de D. Pepe. Media hora más tarde salía la procesión.

Y entre unas cosas y otras han pasado 50 años. Desde hace tiempo tenía la ilusión de celebrar este evento en El Pozuelo y, a ser posible, reunir a los del contubernio de la playa. No pudo ser. Yo he ido, pero las circunstancias han sido adversas y, unos porque tenían problemas propios o familiares, y otros porque tenían celebraciones propias o familiares, me quedé solo con José Antonio Berenguer, que no participó en el primer Santiago porque todavía no tenía edad suficiente. También pude echar un rato Con Paquito el de Rosa y sus hermanos Enrique y Rogelio, con Juanillo el de la Maritina, que había venido expresamente desde Roquetas, con el Páter y Serafín y con Juanico de Lola y Constantino, que tuvieron que irse por asuntos familiares. Al final decidí que lo mejor era pasarse por La Rábita y tomarme una bomba y una tortillita de patatas en el Navarro.
Está visto que nos hacemos mayores y que, a este paso, al centenario de las fiestas no va a acudir ni el propio Santiago.

jueves, julio 04, 2019

Bachilleres al volante



Parece que la UE establece que para obtener la licencia de camionero, los aspirantes han de haber cursado bachiller como mínimo; es una buena medida. Hasta hace poco, un camionero era un tipo de 90 kg de peso o más, anchas espaldas, barriga prominente, mangas subidas, camisa abierta mostrando pelo en pecho, y medio puro en la boca; algunos eran especialistas en decir guarradas a las mozas que paseaban por la calle.
Aun así, se hablaba de “los caballeros de la carretera”. Eran otros tiempos.
Yo, más que el bachillerato, les exigiría por lo menos una ingeniería técnica. No está al alcance de cualquiera manejar la emisora, controlar el tacómetro e interpretar el GPS.

Por la misma regla de tres, estoy seguro de que, en breve, se exigirá a los taxistas la diplomatura en turismo y el conocimiento de varios idiomas; los quiosqueros deberán ser licenciados en ciencias de la comunicación, y los carniceros, pongamos por caso, veterinarios o biólogos.

Podría suceder que en el futuro no supiéramos qué hacer con nuestros muchachos que, por dejadez o falta de capacidad, no hubieran obtenido ESE título y se hubiesen quedado en la ESO. Tampoco es problema: estos chicos se dedicarán a la política, única profesión que no necesita de conocimientos previos. Así, ellos tendrían la oportunidad de ser senadores, diputados, concejales, alcaldes o ministros y, si me apuran, hasta presidentes del gobierno.

martes, mayo 28, 2019

Casualidad y elecciones



Domingo, 2 de diciembre de 2018.
Nos levantamos un poco antes de lo habitual, recogemos las cuatro cosas que todavía andan desperdigadas y echamos las maletas las maletas al coche. Nos acercamos al colegio Arco Iris y deposito mi voto.
El desayuno toca en La Clave. Cortado descafeinado y media de jamón serrano para quiosquera; Café con leche deslechada y media de jamón serrano para mí. Total: 4,60€.
Por delante, algo más de 800 km.


Viernes, 24 de mayo de 2019.
Nos levantamos un poco antes de lo habitual, recogemos las cuatro cosas que todavía andan desperdigadas y echamos las maletas las maletas al coche. Nos acercamos a la Oficina de Correos y mando mi(s) voto(s).
El desayuno toca en La Clave. Cortado descafeinado y media de jamón serrano para quiosquera; Café con leche deslechada y media de jamón serrano para mí. Total: 5,40€.
Por delante, algo más de 800 km.

Las diferencias son mínimas: europeas en lugar de autonómicas, voto por correo en lugar de presencial y 5,40€ en lugar de 4,60.
El 2 de diciembre fue mi debut en unas elecciones andaluzas y se dieron dos hechos no previstos:
- VOX irrumpió con fuerza (y por primera vez) en el parlamento andaluz.
- La derecha, aunque no ganó ni en escaños ni en votos, se hizo con el gobierno de la comunidad después de casi 40 años (dichoso número) de dominio absoluto del Partido Socialista.
El 24 de mayo fue mi debut en elecciones europeas y municipales como votante andaluz (me resisto a utilizar la palabra ciudadano siendo pueblerino). Ha habido menos imprevisiones:
- VOX ha conseguido unos cuantos escaños en el parlamento europeo.
- Aunque el PP se ha hostiado un poquito, la derecha obtiene más escaños que 2014.
Prefiero no pensar que este lío lo haya armado yo sólo.

La otra gran diferencia entre las dos elecciones es el precio del desayuno, que ha subido un 17,4%. Se me ocurren dos explicaciones contrapuestas:
- La presencia de la derecha en el gobierno andaluz hace que crezca la confianza de los capitalistas, que aprovechan la coyuntura para subir los precios.
- Se nota la eficacia del gobierno del PP, que ha hecho subir el poder adquisitivo de los andaluces de modo que ya puedan asumir una subida semejante del precio de su desayuno.

¿O tendré yo también la culpa?

domingo, abril 14, 2019

¡VIVA ZAPATA!



Corría el mes de abril de 1967. De vuelta de unos días por Italia, a donde nos habíamos desplazado en viaje de fin estudios, nos alojamos en un albergue juvenil en Arenys de Mar y, entre otros ocupantes, coincidimos con una excursión, también de estudiantes, aunque bastante mayores que nosotros, que venía de Reino Unido; entre ellos iba un grupo de mejicanos (varones y mujeres), que cursaba estudios en las islas.
Por casualidad, aquella noche se celebraba el Festival de Eurovisión y nos reunimos en el salón del albergue para seguir el desarrollo del mismo. Intentábamos enrollarnos con las mejicanas, pero la diferencia de edad era considerable (yo mismo estaba en vísperas de cumplir los 17) y el éxito no nos acompañó, si bien estuvimos lo suficientemente próximos para oír cómo despreciaban la canción española (Hablemos del Amor. Raphael), a la vez que elogiaban la de Reino Unido (Puppet on a String. Sandie Shaw). En cierto modo eran lógicos los elogios a la canción británica, dado que ellos vivían en las islas y, sin duda, era la mejor. Algunos de nosotros, sin embargo, no entendíamos sus continuas críticas a los españoles y su canción. Al final, uno explotó:
-        ¿Por qué ese rencor hacia lo español si, al fin y al cabo, Méjico es hija de España?
-        Hasta 1821 -replicó rauda una de las mejicanas-.
Deduje que ese debió ser el año de la independencia de Méjico y, yo también, intervine con rapidez.
-        No, no es así. Méjico es hija de España DESDE -lo remarqué- 1821. HASTA -volví a remarcar- 1821 Méjico era España.
Nos hizo un breve resumen de los asesinatos y crueldades que Cortés y sus muchachos habían cometido sobre los aztecas y de la explotación a que los sometieron los encomenderos subsiguientes. Y, por supuesto, del genocidio que había acompañado y seguido a la conquista.
-        ¿Tú eres india pura?
-        No, soy mestiza.
-        Vale, pues ten en cuenta que fue tu tatarabuelo blanco (español) el que se cepilló, de grado o por fuerza, a tu tatarabuela india, después de haber asesinado a su marido indio. Ni yo, ni mi padre, ni mi abuelo, ni ninguno de mis antepasados conocidos estuvo nunca en Méjico y, por tanto, mi familia española no es responsable de las atrocidades que se cometieron contra los indios; los españoles que mataron indios fueron tus antepasados, no los míos.

Años después, un gobernante mejicano exige al rey de España (y por ende a los españoles) que pida perdón a los indios. Este gobernante es mejicano de segunda generación y no es probable que sus antepasados mataran indios, pero, una vez más, juzgamos la historia según los modos y costumbres del momento en que vivimos y, muchas veces, con poco conocimiento de la historia. Si mis libros de historia no mienten (cosa que entra dentro de lo posible y de lo probable) y si László Passuth no se documentó sobre la conquista de Méjico (cosa poco probable), Hernán Cortés desembarcó en Tierra firme con algo más de 500 hombres y 16 caballos; con estas “tropas” llegó a Tenochtitlán y arrestó a Moctezuma, teniendo en cuenta, además, que ya había tenido unos cuantos tropiezos con los indígenas en su camino hacia la capital del imperio azteca. La conquista, conquista, vino después cuando se les unieron los hombres de Pánfilo de Narváez y tuvieron que salir por piernas de Tenochtitlán, en lo que se llamó “la noche triste”. En su huida palmaron la mitad de los españoles y se perdió gran parte del tesoro que habían tomado “prestado” a los aztecas. Más adelante los esperaba un ejército de 40.000 guerreros, cuando ellos apenas sobrepasaban los 400 hombres y 20 caballos; en Otumba, con la batalla prácticamente perdida, volvió a aparecer Santiago matamoros a lomos de su caballo blanco, se cepilló al capitán general azteca y entregó su estandarte a los españoles; los aztecas huyeron. A partir de ahí las cosas se simplificaron para Cortés: eliminó el exceso de testosterona y puso a trabajar las neuronas. Mandó construir 13 bergantines que botó en el lago que rodeaba la isla donde estaba enclavada la ciudad y cortó el suministro a sus habitantes. La caída de Tenochtitlán estaba cantada.

Que Hernán Cortés conquistara Méjico con menos de 1.000 soldados no se lo cree ni Bernal Díaz del Castillo. El propio Cortés escribió la relación de fuerzas que participaron en el asedio a Tenochtitlán:

 

Fuerzas iniciales para sitiar a Tenochtitlan:
- Tlacopan - Pedro de Alvarado
30 caballos, 18 ballesteros y escopeteros, 150 peones de espada y rodela, 25,000 tlaxcaltecas.
- Coyoacán Cristóbal de Olid
36 caballos, 18 ballesteros y escopeteros, 160 peones de espada y rodela, 20,000 tlaxcaltecas.
- Iztapalapa - Gonzalo de Sandoval
24 caballos, 4 escopeteros, 13 ballesteros, 150 peones de espada y rodela, 30,000 aliados de Huejotzingo, Cholula y Chalco.
- Asalto anfibio Lago de Texcoco - Hernán Cortés
13 bergantines, 325 hombres, cada bergantín con 25 españoles y una fusta, incluyendo capitán, veedor, 6 ballesteros y escopeteros.
Tercera carta de relación, Hernán Cortés

 

¡Vaya, 75.000 indios ayudaron a (Capitán) Malinche a machacar a los aztecas! A medida que Cortés fue avanzando hacia Tenochtitlán peleándose y venciendo a las tribus nativas, éstas se sentían liberadas del vasallaje a que las sometía el imperio y se aliaban con el imperio del otro lado del mar. La conquista de Méjico no se debe tanto al empuje de los españoles como a la multitud de indígenas que los acompañaban. Y eso lo sabe el presidente mejicano; no tanto, quizá, los españoles que también exigen al rey (español) que pida perdón.


Entendemos que la postura de los mejicanos debería ser distinta según su procedencia:

-        Los que llegaron al país después de 1821 no tienen nada que decir

-        Los que no tienen reminiscencias indias deberían pedir perdón a los indios y mestizos

-        Los mestizos deben perdonarse a sí mismos, es decir, su parte blanca debería pedir perdón a su parte cobriza

-        Los indios puros lo tienen más complicado:

-   Si descienden de los aztecas, tienen derecho a que les pidan perdón los descendientes de españoles llegados antes de 1821, sus hermanos mestizos y los indios pertenecientes a otras tribus

-   Si no descienden de los aztecas, tienen derecho a que les pidan perdón los descendientes de españoles llegados antes de 1821, sus hermanos mestizos y los indios aztecas

 

Que se vayan perdonando. Servidor no se siente afectado.