sábado, mayo 19, 2012

La mejor liga del mundo


Los españoles somos dados a tener siempre lo mejor y a presumir de ello. A priori, por supuesto, porque en cuando vienen mal dadas nos quejamos de “este país” y echamos por tierra todo lo que tenga que ver con él. Y no sólo somos así quienes andamos justitos de entendederas; también la gente cultivada, o la que presume de serlo, adolece de similares defectos.

Desde hace bastante tiempo, los plumillas de los diarios deportivos nos machacan con la cantinela de que gozamos de la mejor liga de fútbol del mundo, la cual cosa, si nos atenemos a la clasificación de la FIFA, da la sensación de que es verdad: el FC Barcelona está considerado como el mejor club de la última década y eso viene avalado por todos los títulos nacionales e internacionales conseguidos por el equipo. Algo más dudosa es la asignación del segundo lugar del ránkin al Real Madrid; para que la aseveración se aproximara a la verdad, tendríamos que ampliar el periodo y contar la docena de años que llevamos de siglo. Creo que no se nos podría acusar de inmodestia si afirmamos que en la liga española participan dos de los mejores equipos de fútbol: uno, que lo es, y otro, que aspira. Pero es tanta la diferencia que hay entre ellos y los demás, que están poco acostumbrados a encontrarse con dificultades y, por eso mismo, cuando éstas aparecen, se les atragantan.

Superwaiter y yo coincidimos muchas veces en ver las cosas al revés de la mayoría de los humanos; otras veces, aunque no veamos las cosas al revés, nos empeñamos en discutir con los parroquianos defendiendo lo ilógico. Lo curioso es que, a menudo, acertamos.
Esta temporada, cuando el FC Barcelona se había acercado peligrosamente al Real Madrid, y ambos se jugaban las semifinales de la Champion League contra ingleses y alemanes, el Super y yo afirmábamos que, esta vez, el equipo de la capital iba a hacer sangre en el Camp Nou, y, aunque deseábamos una final Barcelona-Madrid, por ir en contra de los plumillas y de los entendimos, apostamos porque la final la disputaran Chelsea y Bayern de Munich. Equilicual: no existe “el mejor equipo del mundo”; como mucho lo que hay es una estadística de títulos y partidos ganados.

Volviendo a la “Mejor liga del mundo”, Real Madrid y Barcelona han destrozado todos los registros: mayor número de puntos, mayor número de goles marcados, superpichichi… ¿Y? Los dos primeros equipos han sido iguales en casi todo: el Real Madrid ha marcado 7 goles más; al Barcelona le han marcado 3 goles menos. Una mínima diferencia de 4 goles se ha transformado en una exagerada diferencia de 9 puntos. ¿Pero que había detrás? Simplemente 18 equipos que luchaban por no perder la categoría, aunque alguno de ellos ni lo supiera. El Valencia, tercer equipo clasificado, hubiera sido campeón de liga sumando CUARENTA puntos más; claro que, con sólo TREINTA Y CINCO puntos menos, habría quedado por debajo del último y, échale narices, sólo con VEINTE PUNTOS VEINTE menos, se había ido a segunda: el tercer mejor equipo de la liga está 20 puntos más cerca del descenso que del campeonato; si tenemos en cuenta la diferencia de goles, el Valencia acabó con 15 goles a favor, el Barcelona con 85 y el Real Madrid con 89; el Málaga, cuarto en la clasificación, ha finalizado la temporada con un único gol a favor. Y el Mallorca ha vivido la situación más rocambolesca: en puestos amenazados de descenso hasta 5 partidos antes del final de la liga, inició la última jornada con remotas posibilidades de clasificarse para jugar la Champion. ¡Casi nada!
Una docena de puntos separa al primer equipo que no tuvo cabida en Europa, Osasuna, y al primero que no se fue a segunda, Granada.

En definitiva: es posible que tengamos a dos de los mejores equipos de fútbol del mundo pero, señores, “la mejor liga del mundo” es una mierda.

viernes, mayo 11, 2012

El origen del mal humor

Estoy lejos…, a varias horas de distancia de mi conexión a Internet. La verdad es que no lo hecho en falta pero mis conocidos quizás se estén preguntando si me ha pasado algo. ¡Niente problema! Me he tomado un mes sabático. 
Este adjetivo, sabático, me hace pensar en tiempos pasados. Seguramente se le ocurrió a un judío; por aquello del Sabat y el día de descanso que se tomó Dios al finalizar la Creación. Si el adjetivo se hubiera inventado en tiempos más cercanos y la proposición partiese de una mente de formación cristiana, estaríamos hablando de un mes o de un año domingático. Y es que los tiempos adelantan una barbaridad y cambian las viejas costumbres un güevo. 

Hace muchos años, cuando un varón estaba aquejado de continuo mal humor, se solía decir que, seguramente, padecía del estómago. Con las mujeres se tenía menor consideración y se echaba la culpa de su mal humor y sus jaquecas a la falta de novio: “A ésta lo que le pasa es que le falta un novio”, se decía.  A medida que el tiempo fue avanzando, aumentó la crueldad al referirse a la causa de los males de las mujeres; así, el vulgo cambió la palabra novio por tío o por macho, y no porque pensaran que sus problemas tuviesen a los varones por culpables, sino porque era la falta de contacto masculino el origen de tales problemas. Vamos, que, cuando nos sobrepusimos a la autocensura verbal y fuimos capaces de hablar sin tapujos, lo tuvimos claro; el mal humor de las mujeres y sus migrañas tenían una explicación sexual: “Lo que necesitan éstas es un buen polvo”. 
Los varones, sin embargo, siguieron teniendo la úlcera de estómago como origen único de su mala leche; como mucho, se hizo descender un palmo el lugar de nacimiento del flujo: "Ese fulano tiene cara de estreñío"·. 

Desde que se inventó el Ministerio de Igualdad y se impusieron las cuotas de poder, las cosas se han ido poniendo en su sitio. Hoy en día, el origen de los malos humores, sean de mujer o varón, es único y asexuado. 
Es meramente metabólico. Nos lo muestra a diario la televisión. Aparece en el supermercado una señora con mala cara; al volver una estantería se encuentra con una amiga, por lo general, aunque no siempre, cañón, que le habla de las exquisiteces de un determinado producto: “Una dosis de Activia al día favorece el tránsito intestinal” – le dice a la vez que cierra el puño, manteniendo tiesos los dedos meñique y porro (como hacía Ronaldinho cuando la pelota se le iba alta), y pendulea la mano a la altura del estómago en avances y retrocesos de unos 90º, aumentando la intensidad del movimiengo cuando la mano baja. Gráficamente se reproduce un esquema de las tripas y los meandros que recorren los restos fecales.

Los caballeros recurren a una receta similar, si bien, éstos tienden a solucionarlo durante el desayuno... o en el despacho. Una voz en off aconseja al tío de aspecto malhumorado: "Necesitas All-Bran". 
Parece deducirse, pues, que tanto Danone como All-Bran “activian” los movimientos peristálticos, y éstos, la “endomorfinas”. O sea, que el origen del mal humor es la mierda, la cual cosa tiene su sentido. 

Es curioso que los científicos hayan tardado tanto tiempo en averiguar que lo que el cuerpo necesita para llevar una vida sana y placentera sea algo tan simple como una buena cagada.

miércoles, abril 11, 2012

Semana Santa 2012

La década de los 50 fue complicada, tanto más cuanto más nos alejamos en el tiempo; para mí los años que van del 52 al 54 no fueron complicados, fueron durísimos. Tanto es así que se me han borrado muchos recuerdos; no todos, claro. En medio de una nebulosa donde flotan jirones de momentos vividos, hay retazos de historias que se han grabado a fuego en el cerebro, y anécdotas completas, adornadas por una enfebrecida imaginación infantil.

Mi madre acostumbraba a hacer la colada cerca del pozo que había detrás de nuestra casa, pero cuando había que atacar sábanas, cortinas u otras piezas que requerían más espacio para que el sol hiciera su faena y la ropa quedara blanca y desinfectada, se echaba el canasto a la cadera y tomaba el camino de la fuente o del barranco de Betétar. Entonces yo me quedaba con mi abuela sentado en un saco o una manta, según fuera el clima y la disponibilidad. No era yo un niño que destacase por su alegría, ni mi abuela una mujer que se distinguiese por su mano izquierda con los niños, pero era alpujarreña y, por tanto, tenía un vasto repertorio de chascarrillos y coplas que me iba contando o recitando hasta que atraía mi atención. En estos días se Semana Santa me ha venido a la memoria una de sus estrofas:
Jueves Santo murió Cristo,
viernes fue su Santo Entierro,
sábado resucitó,
domingo subió a los Cielos.

Cuando, algún tiempo después, fui a la escuela, en el programa de los sábados entraba la lectura del Evangelio, aquellos relatos de la Historia Sagrada que solían empezar por la locución: “En aquel tiempo…”. Allí tuve mi primer enfrentamiento con los Evangelios. Las historias que leía el maestro nos enseñaban que el Jueves Santo tuvo lugar la Última Cena, el Viernes Santo crucificaron a Cristo, murió y le dieron sepultura, y fue el domingo cuando resucitó. Algo no iba bien.
Aparte de la coplilla de mi abuela, los niños teníamos prohibido cantar, tirar piedras, escupir, jugar, y hasta reír a partir de 3 de la tarde, hora en la que Jesús exhaló el último suspiro. La prohibición duraba hasta el sábado por la mañana. Mientras D. Alfonso Zamora fue maestro, los niños dedicaban la tarde del jueves y todo el día del viernes a buscar latas o cualquier cosa que hiciese ruido al arrastarla y las iban ensartando en una guita lo suficientemente larga. El sábado por la mañana, veinte o treinta chiquillos, pertrechados con sus latas, formaban en la Placeta. D. Alfonso salía al balcón de su casa y disparaba dos tiros al aire: había resucitado el Señor y los críos echaban a correr arrastrando sus latas y dando a conocer la noticia con su estrépito.
Algo no cuadraba. Los versos de mi abuela y la tradición popular parecían darse bofetadas con el Evangelio. No he sabido nunca si mis paisanos formaban parte de una secta herética o si, en algún momento de la historia, se había hecho una relectura de la Pasión.
Una mínima investigación me ha llevado a varias explicaciones:

La primera la da el blog “Curiosidades Bíblicas”, que, a la luz que emana de una lectura profunda de la Biblia (nuevo y antiguo testamento), determina que Jesús no murió el Viernes Santo; ni siquiera el Jueves Santo. Jesús murió el Miércoles Santo, día 14 del mes de Nisan y resucitó el Domingo, 18 del mismo mes. Jesús y sus discípulos habrían celebrado la Santa Cena la víspera del Parasceve (día de preparación) correspondiente a la Pascua judía (Evangelio según San Juan). El prendimiento, pasión y muerte de Jesús habría sucedido entre primeras horas del Parasceve y la hora nona del mismo (3 de la tarde) y la sepultura tuvo lugar aquella tarde antes del día de Pascua (los evangelios sinópticos concuerdan, más o menos claramente, al señalar que Jesús murió la víspera del día de la Pascua judía). Por último, los cuatro evangelistas cuentan que Jesús resucitó el primer día de la semana, esto es, el domingo. La controversia reside en San Juan al situar la Última Cena un día antes del Parasceve; esto faculta a que algunos estudiosos jueguen con dos Parasceve: el correspondiente a la Pascua judía y el correspondiente al Sabat de la misma semana. Según esto, Jesús habría muerto en el Parasceve de la Pascua, permaneciendo sepultado el día de Pascua (día 1), el Parasceve del Sabat (día 2), y el Sabat (día 3), para resucitar en las primeras horas del Domingo. La ortodoxia cristiana afirma que la Pascua coincidió con el Sabat y sólo hay un Parasceve, válido para ambas fiestas.

La segunda parece echarle la culpa al Concilio Vaticano II, que ajustó la liturgia católica a los Evangelios Sinópticos y se cargó las celebraciones folclóricas dictadas por la tradición cristiana, tradición a la que pertenece la coplilla o saeta de mi abuela. Mayor luz aporta la conferencia de Pablo Moyano en la sede de la Real Academia de Córdoba, que cuenta cómo el cuerpo muerto de Cristo crucificado se sacaba en procesión el Jueves Santo, mientras que el entierro de Jesús salía el Viernes. Hasta la reforma de Pío XII en 1956, se celebraba el Sábado de Gloria, no como día de la resurrección, sino como el día en el que Jesús entra en el Paraíso.

En resumidas cuentas: los cuatro Evangelios Canónicos coinciden cuando relatan que Jesús resucitó el Domingo y que fue muerto y enterrado en la Parasceve. Discrepan (parece) en el día de la Santa Cena: los Evangelios Sinópticos la sitúan el primer día de los Ázimos, mientras que San Juan dice que fue “antes de la fiesta de la Pascua”. Digo "parece" porque ambos días son anteriores al día de Pascua.
Me quedo con la saeta de mi abuela y doy por bueno que Jesús murió el Jueves Santo, hecho que confirma otra coplilla de nuestra tradición folclórica:
Tres jueves hay en el año
que relucen más que el sol:
Jueves Santo, Corpus Christi
y el día de la Ascensión.

Para la resurrección recurro a la quintilla completa cuyo último verso, que he omitido a propósito, despeja la duda y deja los dos versos anteriores como mera licencia poética.
Jueves Santo murió Cristo,
viernes fue su Santo Entierro,
sábado resucitó,
domingo subió a los Cielos:
Pascua de Resurrección.

miércoles, abril 04, 2012

London 2012

Cuando decidí aprender inglés, Quiosquera se lo tomó a risa.
-Con la pronunciación de los ingleses, que se comen la mitad de las letras, y tú hablando “andalú”, que te comes la otra mitad, no sé cómo te las vas a arreglar para entenderlos… y para que te entiendan.
-Si ellos se comen letras, tengo ventaja: estoy acostumbrado. Ya sabes que yo me como la consonante de final de palabra, la “d” de los participios regulares y la consonante final de las sílabas mixtas, salvo la “l” que la transformo en“r”. De hecho sólo me como la “d” de los participios; las otras no me las como, las sorbo.

¡Y tanto que los ingleses se comen letras! No en vano, cuando entras en cualquier sitio, te sueltan a Well: Well come to… Y ahí está la dificultad: se comen las consonantes, las vocales, las semiconsonantes, las semivocales y hasta los acentos; y las pocas letras que pronuncian, no las dicen, las mascullan. Por si fuera poco, idéntica combinación de letras la pronuncian diferente en palabras diferentes. Es igual que las normas de circulación: parece como si hablaran por la izquierda. Vamos, que en uno de los primeros autobuses que cogí (a voleo) la grabación digital dijo algo así como.
- Básnamba thuenthinain tu tra:gá:
-¿Mande?
Como los ingleses saben que el inglés no lo entienden ni ellos, los autobuses llevan una pantallica donde sale escrito lo mismo que dice la grabación; para informar al personal, digo yo:
-Bus 29 to Trafalgar.
¡Hombre, eso era otra cosa! Íbamos a Trafargá: E:cuá:, lo cual se correspondía con nuestras intenciones.

Había estado en Londres hace 10 años y he podido comprobar cómo ha cambiado en este tiempo: calles más limpias, menos follón circulatorio, repesca de los antiguos autobuses de dos pisos y mucha gente. Muchísima gente si contamos los guiris; quiero decir que había muchísimos guiris (los ingleses y los extranjeros) y mucha gente (los españoles). Como llegamos a una hora intempestiva, las 3 p.m., entramos a comer algo en una cafetería al lado del hotel. Quiosquera, que es más lanzada que yo, se acercó a la barra.
- Plis. Tu kofi and milk and…som mafin? –movió la mano hacia las magdalenas mientras buscaba más palabras-.
-Bla bla bla bla bla bla bla… -dijo la inglesa.
Miré a Quiosquera, Quiosquera me miró.
-Ku:d iú spik slouli?
-¿Españoles?
-Yes.
-Yo soy de Cádiz. He venido a perfeccionar el inglés; llevo aquí tres meses.
Me acordé del chiste.
-Y si todos somos españoles –dije-, ¿qué hacemos hablando inglés?

La tarde estaba avanzada, así que nos dedicamos a callejear por Picadilly y, andando, andando, fuimos a dar con Chinatown. Es casi igual que Xinaxample en Barcelona: una zona donde hay más chinos que en el resto de la ciudad. Lo que le falta a Xinaxample es una calle acotada que simule estar al sur (o al norte, qué sé yo) de Tiananmen, tal como Gerrard Street. Quiosquera quiso comparar precios y entró en un supermercado; me quedé fuera. Al cabo de 5 minutos empecé a aburrirme y, para distraerme, puse oído a la conversación que llevaban tres jovencitas que estaban situadas a mis espaldas. Eran de Getafe y estaban, cómo no, de viaje de estudios. Me acerqué a ellas:
-E:kiu: mi. He llegado a Londres este mediodía y observo extrañado que ya entiendo pérfe:-tli íngli:.
Se miraron entre ellas como diciendo: ¿de qué va este chalado?
-Somos españolas...
-¡Ay, coño! Ya me parecía a mí que no podía ser… A conocer Inglaterra, ¿eh?
-Sí, hemos venido de viaje de estudios.
-¿Y qué demonios hacéis que no estáis practicando inglés? ¡Anda, anda, a enrollarse con los nativos o me chivo a los profesores.

Más abajo de Xinatown encontramos en plena calle un puesto de verduras y hortalizas. Me fijé en los tomates; origen: Morocco.
-¡Hoputas los ingleses, le compran a la competencia! A partir de ahora en casa está prohibido utilizar llaves inglesas y consumir güisqui de malta.
Quiosquera llamó mi atención señalando una caja de pepinos. Origen: Almería, Spain.
-Bueno, se permite consumir güisqui de malta, pero ¿usar llaves inglesas? ¡Ni hablar!

Faltaría más. Encima que nos hundieron la Invencible, ahora nos quieren hundir los invernaderos.

jueves, marzo 29, 2012

Huerga henerá:

Preámbulo
Corría el año 1968, cuando tuve ocasión de participar en mi primera huelga. Se preparaba el mayo francés y las cosas andaban revueltas en las empresas con muchos trabajadores y en la Universidad. El delegado de uno de los cursos superiores se presentó en mi clase y explicó que debíamos votar si queríamos o no huelga y, en caso de que saliese que sí, si queríamos huelga indefinida o intermitente; explicó que, si hacíamos huelga indefinida, nos podían anular la matrícula, pero, si la hacíamos intermitente, esto es, dos días sí y uno no, llamábamos igualmente la atención y no se corría ningún riesgo. Un novato preguntó el motivo de la huelga.
-Se trata de ayudar a los obreros de SEAT y a los mineros de HUNOSA que están en huelga –respondió el delegado-.
-¿Qué les pasa?
-¿Qué más da? ¡Se trata de ayudar!
El resultado fue que nuestra clase se oponía a la huelga, pero, en caso de que se llevara a cabo, optaba por la huelga indefinida. El delegado no entendía que, siendo unos cagados que decíamos no a la huelga, presumiésemos de valientes optando por la indefinida. Hubo que explicárselo: No se votó sí porque no fue capaz de explicarnos por qué nos jugábamos la matrícula, y se optó por huelga indefinida porque cuando se agarra un toro, hay que agarrarlo por los cuernos.

Exordio
Últimamente he cambiado la emisora de radio que me acompaña en el despertar. Quiosquera me hizo saber que no quiere levantarse mientras oye a los voceros hablando de política, y busqué una emisora con música. Di con Radio Tele-Taxi y ahora me despierto flamenqueando con Antonio Molina, Juanito Valderrama, Rafael Farina, la Paquera de Jerez o la Niña de la Puebla. También se cuela alguna que otra entrevista a políticos.
Esta mañana he despertado sorprendido. Alguien ha manipulado el dial y me ha salido otra emisora recordando el tema del día: la huelga general. Bueno, tampoco es tan grave; sólo que han leído un comunicado que me ha puesto los pelos de punta. Puedo entender que los políticos nos engañen, puedo llegar a justificar (muy poco) que los sindicatos nos lleven al huerto, pero no encuentro razón alguna que me permita aceptar la falta de memoria de un periodista o que hable sin antes haberse documentado. El comunicado era más extenso pero la parte que me ha llamado la atención venía, más o menos, a decir:
-“Esta emisora apoya la huelga general convocada para oponerse a una ley que arrebata a los trabajadores todos los derechos conseguidos en los últimos 30 años”.
En los últimos 36 años, que yo recuerde, los trabajadores por cuenta ajena hemos conseguidos dos derechos:
• Semana laboral de 40 horas
• Desempleo remunerado

Trama
En 1976, servidor cobraba 16 pagas anuales: 12 mensualidades y 4 pagas extraordinarias (beneficios, 18 de julio, vacaciones y Navidad) y pagaba un IRTP del 12% sobre todo lo que pasase de 140.000 pts (mi sueldo anual rondaba las 400.000 pts). Además, por ley no escrita, cada año se conseguía un aumento igual o mayor del IPC calculado para el año recién acabado.
Llegó el tío Paco con la rebaja. El tío Paco fueron Paco Fernández Ordóñez, Enrique Fuentes Quintana y Adolfo Suárez González que, primero, redujeron el porcentaje de IRTP al 9% pero aplicado a todo el sueldo y, luego, transformado en IRPF por la Reforma Fiscal, llegó a ser del 25% de todos los ingresos, contando también como ingresos un valor teórico de mi casa. Y el tío Paco fueron los mismos señores, que se inventaron o copiaron el poner como porcentaje máximo de subida salarial el valor previsto (por ellos) para la subida del IPC del año que entraba.
A partir de ahí los derechos de los trabajadores, ganados en siglo y medio de lucha, han ido desapareciendo a mayor o menos velocidad, según las dificultades económicas a que nos han conducido los mismos gobernantes que entonces o ahora nos recortan las alas.

Véanse las tres últimas reformas (laborales o de modernización del sistema de Seguridad Social) que han conducido a una huelga general y continúese retrocediendo en el tiempo para comprobar que la mayoría de derechos recortados ya existían (con mínimas diferencias) hace 30 años
1.- Real Decreto-ley 10/2010, de 16 de junio, de medidas urgentes para la reforma del mercado de trabajo.
2.- Ley 27/2011, de 1 de agosto, sobre actualización, adecuación y modernización del sistema de Seguridad Social.
3.- Real Decreto-ley 3/2012, de 10 de febrero, de medidas urgentes para la reforma del mercado laboral.

Desenlace
Dando por supuesto que estamos de acuerdo en que los asalariados han de recurrir a todos los medios (legales) disponibles para defender sus derechos, nos tememos que, una vez más, se los haya utilizado para hacerle o deshacerle la cama a un gobierno.
En el telediario de mediodía, oíamos a los dirigentes sindicales felicitarse por el éxito de la huelga. También los oímos el 29/09/2010 y el decreto-ley 10/2010 no se derogó, a pesar de que uno de los que encabezaban la manifestación de Madrid accedió al cargo de Ministro de Trabajo apenas 3 semanas después de manifestarse. La huelga del 29-S exigía también la retirada del proyecto del gobierno de retrasar la edad de jubilación hasta los 67 años; tampoco se dio marcha atrás y se aprobó la ley 27/2011. Los sindicatos nunca más volvieron a hacer referencia a ningún intento de recuperar los derechos de los trabajadores perdidos mediante tales leyes.
En este mismo telediario, hemos oído a Josep Antoni Duran i Lleida decir:
-La huelga general pretendía que el gobierno retirase la ley 3/2012. Sólo puede ser un éxito si se cumple el objetivo; no creemos que mañana se vaya a retirar la ley.

En conclusión:
• La “juerga general” de 2010 sólo sirvió para dar el espaldarazo a los recortes llevados a cabo por el gobierno en 2010 y a los recortes que iba a aprobar en 2011.
• Mucho nos tememos que los sindicatos se den por satisfechos habiéndole enseñando los dientes al gobierno y, a partir de mañana, no se vuelva a hablar de los derechos perdidos. Mucho nos tememos que los sindicatos hayan dado el espaldarazo a la ley y lo de hoy haya sido una nueva “juerga”.

martes, marzo 13, 2012

Murciélagos

Las veladas de verano son largas. A principios de los cincuenta, la luz eléctrica se daba cuando empezaba a oscurecer y se quitaba apenas aparecían las primeras luces del alba; y la potencia era la justita: una bombilla de 25 watios se consideraba un despilfarro, de modo que, para hacer la cena, mi madre tenía que encender el candil; no es que diese buena luz, pero al menos era barata: la torcida duraba bastante y como combustible se usaba el aceite sobrante de freír pescado. Lo mejor era cenar temprano y salir a la puerta de la calle a tomar el fresco. Claro que eso podía ser divertido para los mayores, que se pasaban la velada hablando de sus cosas, pero para los niños era una aburrición; menos mal que mi tío Manolo nos entretenía enseñándonos a distinguir las estrellas y constelaciones; por entonces, el cielo era una criba de puntos iluminados y bastaba con fijar la vista en un punto para hundirse en la profundidad del universo. Nos enseñó a distinguir la Vía Láctea o Caminico de Santiago, la Osa Menor y Mayor, que a menudo denominaba El Carro, y la Estrella Polar, que es la última del rabo de la Osa Menor. Posiblemente nos hablara de otras constelaciones que he olvidado con el tiempo. Lo que más nos llamaba la atención, por su escasez, supongo, eran las estrella fugaces y los cometas; nos explicaba que las estrellas fugaces no eran estrellas, mientras que los cometas sí lo eran; nunca me quedó claro de qué estaba hecho el rabo de los cometas.

Había un espacio de tiempo que a los niños nos costaba llenar: el crepúsculo. Era demasiado oscuro para que nuestras madres nos permitieran estar lejos de casa, pero demasiado claro para estar en ella. Los más pequeños nos dedicábamos a cazar mosquitos.
Al caer la tarde, la atmósfera empezaba a llenarse de unos bichejos voladores que nosotros denominábamos mosquitos pero no picaban ni nada de eso. Eran como las mariquitas, aunque totalmente negros, y tenían un vuelo torpe que era fácil de interceptar y derribar. Los bichos que caían, acababan encerrados en un canutero. La gracia del entretenimiento estaba en que, cuando el canutero estaba bastante lleno, lo acercábamos al oído y daba la sensación que los bichos cantaban; seguramente los pobres pedían auxilio para que alguien los ayudase a escapar. Al final, los idiotas se morían.

Los niños más grandes tenían diversiones más arriesgadas: cazar murciélagos. Al contrario de lo que se ve en las películas y en los videos de National Geographic, los murciélagos de mi pueblo no pasaban el día colgados de las ramas de los árboles o del techo de una cueva. Durante el día permanecían bajo los aleros y uralitas del terrado y, al anochecer, se dejaban caer y emprendían su vuelo irregular y característico. De nuevo mi tío Manolo explicaba que los murciélagos ven poco pero tienen un súper oído que les vale para detectar insectos que pululan en la noche y de los cuales se alimenta; nunca entendí para qué quieren esos dientes tan afilados si, básicamente, comen bichejos blandos y diminutos (lo de las películas de Drácula vino después).
El sistema de caza era simple: se hacía uno con una caña larga, que se podía coger en cualquier seto, y se plantaba en mitad de la calle esperando los cazas enemigos. Cuando aparecía un murciélago, se agitaba la caña a derecha e izquierda intentando contactar con el animal; lo normal era que el murciélago esquivase la caña y continuara su vuelo. De vez en cuando se conseguía una diana y el bicho se iba al suelo; era entonces cuando entendíamos por qué aparcaban en las alturas: les es muy difícil levantar el vuelo a ras de tierra. Entonces venía el peligro; a un murciélago hay que agarrarlo por las dos alas y levantarlo manteniendolas lo más separadas posible; cualquier descuido lleva a que se revuelva y muerda al pobre niño que lo ha derribado. Es un bicho feo… horrible, pero la piel, al tacto, parece de terciopelo; y siempre da la sensación de estar cabreado mostrando sus dientes, en particular los colmillos, con la boca abierta.
¿Eso era toda la diversión? No. La caza en sí puede ser divertida pero siempre esconde una segunda parte: comerse el bicho, disecarlo, la cornamenta, los colmillos, la piel… Un murciélago, con el trato adecuado, se tira pedos. El trato adecuado consiste en coger un tizón encendido y metérselo por el culo; no es que el murciélago se tire pedos, es que revienta.
El hombre es bueno por naturaleza; es la sociedad quien lo pervierte (J.J. Rousseau).
¡Jo!

sábado, febrero 11, 2012

Nitrato de Chile

La casa en que vivíamos era del tamaño de la de los enanitos de Blancanieves. La habitación de la entrada era, a la vez, recibidor, sala de estar, cuarto de plancha y costura, y despacho; la mayor parte estaba ocupada por la mesa de mi padre, la máquina de coser de mi madre y la mesita para la radio; el resto eran anchuras. Un pasillo la comunicaba con la cocina; en realidad con la cocina-comedor, que albergaba una bazareta, el rincón y una mini mesa donde escasamente cabíamos mis padres, mi hermana y yo (el rincón es el hogar,es decir, la plataforma para encender el fuego bajo las estrebes (trébedes), y la chimenea). Las cantareras ocuparon un espacio en la cocina, aunque recuerdo haberlas visto en el pasillo; puede que fuera cuando vivieron allí mis abuelos. Lo que sí estaba en el pasillo era el baúl. Frente al baúl se abría la habitación más importante de la casa: el cuarto de la matanza; era como una bodega, oscuro y con poca ventilación; en cañas dispuestas horizontalmente, colgaban las tripas de morcilla y longaniza, y de la pared de enfrente pendía el jamón; bajo el jamón y la pared de la derecha se sucedían el bidón del aceite, el saco de la harina de maíz y la harina de trigo, el tarro de las aceitunas y las orzas de tajadas de lomo, costilla y longaniza; la pared de la izquierda estaba ocupada por la artesa y las herramientas de hacer pan. La vivienda quedaba completada con la “chambre a coucher”, que buenamente compartíamos. En total, podrían ser unos 30 m2, pero, teniendo en cuenta que, cuando uno es pequeño, tiende a ver las cosas más grandes, lo mismo apenas si rebasaba los 20. Lo curioso es que, si bien la parte habitable no disponía de otras dependencias, la casa se completaba con un almacén del tamaño de un campo de minibasket; allí quedaban ubicados los abonos, fertilizantes, sustancias minerales, venenos insecticidas y otros arreos que los agricultores necesitaban para mantener productivas sus tierras.
Teníamos de casi todo, pero nos faltaban dos elementos indispensables para la vida rústica: la cuadra para los animales y el horno para cocer el pan.

Durante años, compartimos el horno de mi abuela. Tenía un tamaño capaz de albergar panes para dar de comer a un regimiento, así que no había problema para cocer pan para dos familias; es más, para aprovechar el espacio se asaban patatas, cebollas, ajos, pimientos y lo que se terciara. Mi abuela hacía 7 panes grandes (tenía que alimentar a dos fieras en edad de trabajar y a una moza en edad de merecer) y mi madre se conformaba con 5 medianos; 5 medianos y 2 bollos. Los panes cubrían las necesidades de una semana, y los bollos eran un capricho con que mi madre nos obsequiaba a mi hermana y a mí; recién sacados del horno, calentitos, los despuntábamos por un lado, los emborrachábamos con aceite de oliva y espolvoreábamos azúcar. Espolvorear azúcar es un decir; entonces el azúcar refinado no llegaba al pueblo, eran granos gordos y terrones húmedos, pero es lo que había. No es necesario decir que, acabado el bollo, mi hermana y yo teníamos que ir directos al barreño para desgrasarnos de manos hacia abajo y eliminar todo resto de azúcar que nos hubiese quedado en los morros. Cuestión de evitar moscas.
Puede deducirse que yo era un adicto al azúcar. Más aun si revelo que, si mi madre quería dormir, tenía que mojarme el chupete en azúcar para evitar que le diese una serenata con mis lloros. El hecho de que lo del chupete sucediera cuando todavía andaba a gatas (o ni siquiera me sostuviese sentado) no es un atenuante: estoy seguro que si me hubiesen madurado el culo a tiempo, no habría necesitado droga alguna.

En el almacén había muchos productos agrícolas, algunos de ellos en sacos; tengo idea de sacos de 50 kg. de azufre sublimado, de 80 kg. de nitrato de Chile (nitrato sódico) y de 100 kg. de amoniaco (sulfato amónico) y migas (nitro sulfato de amoníaco). Eran nuestras montañas particulares, las que escalábamos en nuestros juegos y las que estaban marcadas con la señal de peligro. Recuerdo de forma especial los sacos de azufre, hechos de lienzo, y que los agricultores utilizábamos después en forma de calzoncillos o bragas; aunque no los recuerdo por este motivo sino porque, después de jugar sobre ellos, no podíamos cerrar los ojos debido al escozor que nos producía el polvillo de azufre.
Los sacos de abonos inorgánicos eran de menos interés ya que olían mal y estaban húmedos. Esta humedad hacía que los nitratos y sulfatos se apelotonaran y era corriente que los labradores deshicieran las pelotas en el mismo almacén. No consigo acordarme si fue mi tío Paco o mi tío Manolo el coprotagonista de la escena, dado que la travesura se adapta a la idiosincrasia de cualquiera de los dos, pero lo cierto es que, un día que desmenuzaban su saco de nitrato de Chile, me paré para contemplar la maniobra. Mi tío me miró, cogió un terrón de nitrato y me lo alargó.
-Toma, Antoñico, toma un terroncillo de azúcar.
Cogí el terrón y me lo llevé a la boca.
-¡Tito, esto no es azúcar, es sal!

Fue mi primera lección del curso de Introducción a la Química Inorgánica.