domingo, octubre 02, 2016

La puta bicicleta

De cintura para abajo estoy hecho unos zorros; de cintura para arriba… también, pero lo disimulo más. En 1969 pasé un par de semanas asistiendo al gimnasio de Lázaro, por aquel entonces masajista del Melilla Club de Fútbol, y me sugirió unos cuantos ejercicios que me permitieron mantenerme en forma durante unos cuantos años. Todavía conservo el reportaje fotográfico que me hizo, sólo que si intento llevarlo a efecto resulta peor el remedio que la enfermedad. Basta decir que una de las pruebas consiste en, estando en posición sedente o en decúbito supino, levantar el pie unos 15 cm y mantenerlo allí unos segundos; pues bien, si llevo puestas las babuchas (las que se tienen al lado de la cama por si uno tiene que levantarse a hacer pipí) ni se estremece. El médico me ha dicho que, pueda o no, he de mover las piernas aunque sólo sea para activar la circulación; así que me he tirado al monte y este verano he echado bicicleta; triciclo para ser exacto, que ya no me fío de guardar el equilibrio. Es un triciclo especial: tiene las ruedas traseras bastante juntas y en el manillar llevo una palanquita que permite liberar el bloque y la bicicleta se inclina unos 30º sobre el eje de las ruedas; vamos, que si no sabes montar, te caes.
Mi casilla de jubilado está manzana y media más arriba del paseo marítimo, que se puede dividir en tres zonas. La primera, la más integrada en la población, tiene casi 1,5 km de longitud; con palmeras a ambos lados, queda dividido en tres carriles: el central, más ancho, está enlosado de baldosa fina y es el preferido de la gente que pasea; los otros dos  carriles están pavimentados con adoquines (de imitación) y podrían ser utilizados por los ciclistas; hay, por supuesto una calzada de dirección única este-oeste. La segunda zona es un camino de tierra, amplio, aconsejado por el ayuntamiento para peatones y bicicletas; pongamos que tiene una longitud de 400 m.; es el preferido de los paseantes de perros porque como es de tierra se supone que es ecológico dejar la mierda de perro en mitad del camino.  Finalmente, allá donde Perico perdió el gorro, el paseo se compone de una pista para bicicletas de una anchura que permitiría el paso de tres ciclistas a la vez, y un paseo la hostia de ancho para los peatones paseantes; 800 m. más o menos. Quiero decir que, con buena voluntad, hay espacio suficiente para todos.
Pues no.
Lo que es realmente el paseo marítimo no tiene carril bici y los peatones no parecen dispuestos a ceder su espacio. Los ciclistas, sin embargo, ocupan los tres carriles, con preferencia el paseo central dado que, como he dicho, no les (nos) gusta el pavés ni el temblorcillo que éste trasmite al sillín. De todos modos es el sector donde mejor conviven ambas especies. El problema real empieza en el segundo sector, esto es, el camino de tierra. En paralelo podrían ir a la vez hasta 8 personas; es igual, con 4 ya lo ocupan todo. Y no cuento cuando se paran y montan el chat en mitad del camino; o cuando salen a pasear el perro y le dan suficiente correa para que el perro vaya por la izquierda, el dueño por la derecha y la correa atravesada como si fuera la cinta de meta.
El último sector es el más característico: por la pista de bicicletas pasean los ciclistas, los que van en patín o monopatín, los niños, los padres y los que hacen footing, jogging o running; dado que ni corren ni andan yo los llamo los que hacen trotting. Por el inmenso paseo paralelo circulan los ciclistas, los que van en patín o monopatín, los niños, los padres y los que hacen trotting. Y además con recochineo. Los que vamos en bicicleta podemos ir de paseo (10 km/h) o haciendo la última contrarreloj del Tour de Francia; si se trata de una pareja, pedalean en paralelo y no se apartan ya los maten. Y los de a pie… También tienen todos los derechos. No se me ocurre el motivo que les impulsa a utilizar la pista ciclista a no ser que sea por joder. La pista queda unos 70 cm por encima del aparcamiento que hay junto a la playa; por el otro lado hay un escalón de unos 20 cm al paseo peatonal, es decir, que si van 4 peatones en paralelo no hay manera de pasar; quizá se les podría tocar el timbre, pero yo no me atrevo: con decir que un día fui unos 50 m detrás de uno de estos grupos, por supuesto a su paso, y, cuando se dieron cuenta, tres de ellas se apartaron, la cuarta rezongó a mi paso:
- La puta bicicleta.

Se ve que lo de la Educación para la Ciudadanía no funciona, o bien es que en el programa no entran referencias a la educación para la convivencia. Es curioso que con la llegada del otoño y la vuelta de los veraneantes al hogar la situación ha mejorado: además de que hay menos bicicletas y menos peatones, cada uno va por su sitio. Me ha dado por pensar que a lo mejor la gente de pueblo sí está bien educada y lo que funciona son aquellas enseñanzas mínimas que me transmitían mis padres:
- No te limpies los mocos con la manga
- Quítate la gorra cuando entres en una casa
- No sorbas la sopa
- Come con la boca cerrada
- Límpiate el hocico con la roílla antes de beber agua
- Trata de usted a los mayores
- Cede el paso y el asiento a las personas que lo necesitan más que tú

En definitiva…
- No des por saco

Nota.-
Hablando de bicicletas.
En agosto pasé por la A-31 y a la altura de Novelda y/o Monforte del Cid pasé el desvío a Agost. No pude menos que recordar los sudores de mi amigo Alvarhillo haciendo escalada por aquellos andurriales.

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