viernes, junio 18, 2010

Maria Angustias, Machado y el Duero

El turista español medio suele viajar con ciertas limitaciones; por lo general, limitaciones de tiempo y limitaciones dinero. He tenido la suerte de poder hacer muchos kilómetros sin tener que preocuparme demasiado de la cartera, tal vez, porque las limitaciones de tiempo eran tales que encubrían la escasez de disponible. Por primera vez he gozado de la oportunidad de echarme a la carretera sin tener que pensar en exceso en la fecha de vuelta: tenía por delante todo el tiempo del mundo (de MI mundo), y con lo que me he ahorrado al no celebrar la jubilación con los compañeros de trabajo, tampoco me preocupaba mucho el dinero. El único problema eran dos problemas: que Quiosquera sí que tenía que volver al curro y que yo no tenía ni idea de cómo me iban a responder las coyunturas. He comprobado dos cosas: la primera es que hace 30 años que dejé de tener 30 años y eso se nota, y la segunda es que todavía tengo saque y capacidad de sufrimiento suficiente cuando de patear ciudades se trata; es cuestión de ser menos avaricioso a la hora de contemplar monumentos y más permisivo al darle gusto al cuerpo cuando éste solicita un cafetito o un refresco sentado en cualquier terraza.

A la hora de viajar, mi mayor preocupación es obtener los mapas de las ciudades que quiero visitar; con un mapa en la mano, el destino previamente localizado, y determinado y estudiado el trayecto, voy bastante tranquilo a pesar de que no me fío mucho del copiloto. Así y todo siempre hay un cruce o una diagonal que no está bien expresada en el plano o que yo no he visto claro y acabo más liado que la pata de un romano; he de pararme en una esquina y rediseñar el trayecto. Es cierto que preguntando se va a Roma, pero en Roma ya estuve, amén de que me molesta preguntar; los buenos ciudadanos quieren explicar la ruta con tal detalle que lo normal es que acabe en el extremo opuesto al que me dirijo. Por eso, en cuanto me enteré de la existencia del GP Ése, me hice con un modelo sencillito que me ayudase a salir (y entrar) de apuros y no fuese excesivo para una mentalidad acostumbrada a orientarse por la posición del sol y el olfato. La primera experiencia fue positiva y pude entrar y salir de Madrid sin grandes dificultades; luego vino el desastre: el localizador era tan lento que le costaba Dios y ayuda dar con los satélites, y los mapas tan antiguos que cantidad de calles no aparecían en ellos.
Por tener expuesta toda la gama de chicles, Orbit me regaló la Mari Pili: receptor de señal GPS y PDA sencillita que encajaba a la perfección en el receptor. Los mapas eran los de Viamichelín y parecían más actualizados aunque, circulando, no mostraba el nombre de las calles adyacentes. Mari Pili, con la que he tenido agrias discusiones, cumplió su función durante cuatro años (casi) y sólo recuerdo una vez que, yendo al aeropuerto de Granada, me soltó el “Ha llegado a su destino” en mitad de una carretera de dos carriles en cada sentido. En su descargo he de decir que desde allí se veía la torre de comunicación del aeropuerto. Fue a raíz de mi viaje por el norte de España cuando comprobé que, a menudo, había una diferencia de 200 ó 250 metros entre el objetivo marcado y el “Ha llegado a su destino” de Mari Pili; le eché la culpa al satélite gallego pero no era eso: en breve pude comprobar que el desvío se producía con mayor asiduidad de lo conveniente y afectaba a otros satélites. Decidí que era el momento de jubilar a Mari Pili y hacerme con un GPS más actualizado: para tal menester adopté a María Angustias.

María Angustias es monovolumen: el mismo cacharro incorpora el receptor y la pantalla, y es muy fácil de colocar en el parabrisas. Además, una vez sujeta la ventosa, no se cae. He cambiado el sistema de mapas Viamichelín por el Tostón que sí muestra los nombres de la calle por la que se circula y las calles que se van cruzando. Y cuando dice “gire a la derecha”, hay que mover el volante ya, no dentro de 15 ó 20 m. Por si no fuera suficiente, puedo ir de un sitio a otro pasando por los puntos que a mí me dé la gana y no estar a expensas de lo que a Mari Pili le apetezca. He de decir que al nuevo GPS lo bauticé como María Angustias porque preveía que me lo iba a hacer pasar mal pero después de las primeras pruebas me quedó el pesar de que a lo mejor me había equivocado de nombre.

Con esas perspectivas iniciamos nuestro viaje, siendo Soria el primer punto de destino. Programé el itinerario y María Angustias se empeñaba en llevarme por la autopista AP68 (de pago) deurante unos cuantos kilómetros a la salida de Zaragoza con piso de cemento armado; quiero decir que quienes pusieron precio al trayecto tienen la cara de cemento armado. Indiqué a María Angustias que tomase la autovía A68 que corre en paralelo y me evitase empezar el recorrido regalando euros. Sobre la marcha decidimos dormir en el Parador Nacional Antonio Machado. Aprovechando que había que echar gasolina, programé a María Angustias. Soria, Parador Antonio Machado… nones. Soria, Parador… “Parador de Soria”, dijo María Angustias. O.K. Llegados a Soria, fui siguiendo las instrucciones pero no me acababa de convencer el camino que me señalaba. En efecto, al final de una calle sin salida espetó: “Ha llegado a su destino”.


- ¿Y ahora, qué? –dijo Quiosquera.
- Contraprogramación.
Aprovechando que por la calle sin salida no circulaban coches, reprogramé el GPS, sólo que ahora, en vez de dirigirlo al Parador de Soria, le indiqué que nos llevase a la calle de Fortún López. Le costó un poco porque había una calle en obras y María Angustias se empeñaba en tomar siempre el mismo camino, pero llegamos sin novedades importantes.

Por la noche, ya metido en la cama, repasaba la ruta de los días siguientes que correría cercana al Duero e intenté acordarme de alguno de los versos que le dedicó Antonio Machado. Sin embargo, me salté una generación y lo que me venía a la memoria era el Romance del Duero de Gerardo Diego. En particular aquellas estrofas que, más o menos, empiezan:


Río Duero, río Duero,
Nadie a acompañarte baja;
Nadie se detiene a oír
Tu eterna estrofa de agua.

Y que continúan, me parece:

Río Duero, Río Duero,
Nadie en tu margen acecha
Que está la gente en la viña
Recogiendo la cosecha.

Río Duero, río Duero,
Nadie a acompañarte baja
Que están pisando las uvas
Rellenando las tinajas.

Río Duero, río Duero,
Quien a tu lado viviera
Apurando copa a copa
El vino de tu Ribera.



Bueno, esto no es romance y creo que no era así exactamente pero a mí me valió para quedarme dormido. Quizá producto de una cogorza imaginaria y poética.
Recuerdo que mi último pensamiento antes de quedarme roque fue un intento de recordar el apellido de Gerardo Diego. Hay muchos personajes célebres conocidos por sus dos nombres de pila pero también conocemos el apellido. Por ejemplo, Miguel Ángel (Buonarroti), Juan Ramón (Jiménez), Juan Carlos (De Borbón), Diego Armando (Maradona), Luís Miguel (Dominguín)…
Pero Gerardo Diego ¿qué?

5 comentarios:

A las 18/6/10 18:48 , Blogger kioskero ha dicho...

Hola Quiosquero, como me alegra el sentir por tus palabra que habeis disfrutado.
El segundo apellido es CENDOYA.
un saludo.

http://es.wikipedia.org/wiki/Gerardo_Diego

 
A las 20/6/10 09:47 , Blogger Juan Manuel ha dicho...

Pues hablando de segundos apellidos, de Soria y de Antonio Machado, pues eso, que su segundo apellido es mucho más "corriente": Ruiz. Y fíjate qué casualidad; el segundo apellido de su hermano Manuel también es Ruiz, ¡Qué cosas! ja, ja, ja...
Bueno, quiosquero, por lo que veo, has disfrutado de tu viaje, a pesar del GPS. Me alegro mucho. Un abrazo,

 
A las 20/6/10 13:31 , Blogger BANDOLERA ha dicho...

Querido quiosquero: No me apetece nada ser la repelente niña Vicente, pero Gerardo es nombre de pila, y Diego primer apellido. y si no, me corriges, por mema. Bonita entrada, y ya con marcha... Estoy esperando seguir con la historia y ver el despliegue de pericias de vuestra compañera trotamundos (qué nombre tan horroroso le has puesto, con lo bien que lo hace la pobrecita...:). Por cierto: ¿También es de las que no callan??? PD- Háblanos de Soria, please.

 
A las 21/6/10 16:52 , Blogger Quiosquero ha dicho...

¡A ver! Si DIEGO es apellido ¿cuál es el nombre de pila de Diego Corrientes? ¿Y quién coño es el padre legal de mi hijo?
Aunque a lo mejor resulta que la generación del 27 funciona como alguna de las publicaciones de SGEL que utilizan el mismo código de barras para distintos nombres o el mismo nombre para distintos códigos.

 
A las 21/6/10 20:58 , Blogger quiosquera ha dicho...

Kiosquero, Juan, Bandolera:
Cuidado, amigos. No os dejéis liar por Quiosquero porque es algo que le encanta: tira la piedra, esconde la mano y os hace ir a la Enciclopedia, la Wikipendia y más obras de referencia, mientras se está quedando con vosotros. A mi me ha costado más de 30 años, pero al fin ya lo voy conociendo... je,je

 

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