miércoles, noviembre 04, 2009

La torre de Babel

Muy gorda debieron hacerla los habitantes de Babel cuando Dios decidió castigarlos confundiendo sus lenguas. Desde entonces, un instrumento de entendimiento y unión se convirtió en un instrumento de disputa y sometimiento de los más débiles.

Mi manoseada Enciclopedia Álvarez de primer grado decía que los primeros pobladores de España fueron los celtas, que entraron por el norte, y los íberos, que entraron por el sur. Se juntaron en el centro y formaron el pueblo celtíbero.
Con el transcurso de los años, quien estudió los siguientes grados de aquella enciclopedia pudo aprender que las cosas no fueron tan simples. Había celtas al norte e íberos al sur y, es de suponer, que en territorios limítrofes hubiera unos cuantos mestizos. Lo que no es suposición sino realidad es que íberos y celtas estaban organizados en tribus tanto más enfrentadas cuanto más próximas entre sí. Esto hizo que la conquista de Hispania por parte de los romanos fuera más complicada de lo que en principio parecía pero, en compensación, también fue más divertida ya que cada vez que los del imperio necesitaban meterle mano a una tribu, se aliaban con las tribus vecinas y arrasaban. Costó pero, finalmente, los hispanos fueron sometidos en su totalidad y culturizados en latín; salvo alguna tribu del norte que, erre que erre, mantuvo su idioma.

Los celtíberos, que en cada invasión y subsiguiente conquista iban cambiando el gentilicio, pasaron a denominarse hispano-romanos y esperaron a la llegada de los godos para destrozar el latín e inventar las lenguas romance. Como en otros muchos pueblos de Europa; sólo que aquí, más. Muchas de estas lenguas se han quedado en el camino, unas pocas agonizan y hay cuatro que gozan de buena salud. Pero no todo el mundo acaba de entender la convivencia de varios idiomas en un mismo estado. Quienes viven en comunidades bilingües o trilingües entienden mucho mejor la situación pero tampoco lo tienen claro cuando salen de sus fronteras.
Lo que cuento a continuación es una fábula pero no se aleja demasiado de la realidad.

Entramos en Ribadeo al oscurecer. Al llegar al norte la Mari Pili (GPS) había perdido el norte y nos llevaba 150 m. más lejos del punto de destino señalado; en Ribadeo le salió mal la jugada. Para llevarnos al destino equivocado nos hizo pasar por la puerta del hotel y lo vimos a tiempo. Dejamos las maletas y salimos a dar una vuelta y cenar. El restaurante que nos había recomendado la recepcionista estaba de vacaciones y acabamos cenando en Los Trasmallos. Al cruzar la puerta del local dudamos; sin embargo la calidad de las raciones estaba muy por encima de su aspecto. Mientras probábamos un pulpo a la gallega (gallego) y unos chipironcitos, oímos hablar catalán en la mesa de al lado. Era una familia de cuatro personas. Quiosquera, que es la que siempre abre fuego, preguntó.
- ¿Son de Barcelona?
- No, venimos de Llirona.
Cruzamos unas cuantas frases de mesa a mesa y, casi finalizando la cena, el cabeza de familia me preguntó.
- ¿Qué ruta piensan hacer?
- Mañana daremos un pequeño paseo por el centro del pueblo y luego iremos a visitar la Playa de las Catedrales.
- ¡Ah! ¿Sabe usted dónde está?
- No, pero llevo GPS.
- Yo también. Pero en el mío no sale.
- Bueno, el que yo llevo es Viamichelín.
- El mío también.
- Entonces sí está.
- ¿Usted ha encontrado la playa?
- Sí. Busque usted POI y seleccione PLAYAS. Luego, en “ciudad”, ponga RIBADEO y le saldrá una ristra muy larga. Seleccione “afinar búsqueda” y teclee AS CATEDRAIS.
- ¡Coño, hay que ponerlo en gallego! Pues eso no está bien porque los que no sabemos gallego no lo vamos a encontrar por más que probemos.
- Es el mismo problema que tiene uno de Huelva que quiera ir a Gerona: tampoco sale.
- ¡Homa, no es lo mismo!
- ¿Usted cree?
- Bueno, tal vez sí.

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