Via Voice


Al margen de las películas, donde era habitual ver a las máquinas dar órdenes verbales con timbre metálico, no volví a jugar con traducciones voz-texto hasta que llegaron los teléfonos móviles con sintetizador de voz. Los amigos que utilizaban el último grito de la técnica hacían demostraciones:
- Mira, Quiosquero. Para que no vuelvas a decir aquello de “me cago en la madre que parió al que inventó la tecnología”.
Sacaban el móvil del bolsillo y se lo acercaban a la boca.
- ¡Qui-os-que-ro! –decían en voz alta y silabeando a cámara lenta-.
Y mi móvil, modelo neolítico, empezaba a sonar en el bolsillo. ¡Maravilloso!
Después se puso de moda que, si alguien te dejaba un mensaje en el buzón de voz, se activase la posibilidad de transformarlo en un SMS que recibiría, en modo texto, el destinatario. Y ahí fue cuando se empezó a liar. Cuando la gente empezó a abusar de esta nueva utilidad sin un estudio previo del manual.
Estaba con Quiosquera cuando su móvil emitió el sonido de SMS.
- Alguien te ha enviado un mensaje.
- Es mi prima –dijo mientras manipulaba el aparato-.
- ¿Qué dice?
- ¡Qué raro! “Nos vamos a Cuba ya”.
- Estará de cachondeo.
- Capaz es que la hayan avisado de la agencia de viajes con una oferta de esas que no se pueden rechazar…
- ¡Llámala, llámala y nos enteramos!
Y la llamó.
- ¡Qué Cuba ni niño muerto! El mensaje que te he dejado era: “¡Nos vamos a Cubellas!
¡Arrea!
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