De topónimos y otros nombres propios
“El gobierno de Corea anuncia que continuarán con las pruebas nucleares. Informan desde TaiBei”.
Soy un enamorado de Madrid (en vacaciones) y cada par de años suelo pasarme unos días en la Villa y Corte.

- Esas señales están mal escritas. Dice “A Coruña” y “Burgos”. Debería decir “A Coruña” y “A Burgos”.
Con infinita paciencia Quiosquera me aclara que la “A” de A Coruña es artículo y no preposición.
- ¡Capullos!
Tanto en periódicos como en televisión nos referimos asiduamente a “A Coruña”. No sucede lo mismo con Girona o Lleida que rara vez aparecen con su nombre oficial salvo, quizás, en la información deportiva de los teletextos donde se puede leer hasta “Real Club Deportivo Espanyol”. Menos aún ocurre con las poblaciones cuyo nombre oficial está en euskera. Gasteiz o Iruña raramente se leen fuera del País Vasco y Navarra. A San Sebastián sí se la nombra como Donosti o Donostia, que en masculino me parece bien pero que en femenino debería ser Doñaostia, digo yo.
No sé de quien fue la idea de traducir los nombres propios pero es habitual en todos los países. Los franceses vienen a Lespañ a pasar sus vacaciones y a los españoles no se les ocurriría ir a La Frans. Nadie o casi nadie va de turismo a London, Paguí, Mosca, Niu Yor o Firense aunque, últimamente, hay algún locutor que pasa por el aeropuerto de Janofa. Vengo a referirme que estamos acostumbrados a castellanizar los nombres y a leerlos tal cual aparecen escritos.
Durante muchos años, el Gran Timonel se llamó Mao Tse-Tung, el presidente de Rusia era Boris Yeltsin y la capital de China, Pekín.
Empecemos por el ruso.

Lo de China tiene más miga.

En cuanto a Pequín sucede tres cuartos de lo mismo. Para escribirlo como ellos deberíamos dibujar unos garabatos tal que así:

Pero nos limitamos a transcribir su transcripción al pinyín y escribimos Beijing que, por cierto, suena Peichín, bastante más parecido a nuestro Pequín.
Pero las modas son las modas y uno, de vez en cuando, se encuentra con que una ciudad ha cambiado su nombre.
4 comentarios:
La culpa de todo la tienen los periodistas que además de echar a Clemente, meter en la carcel a Mario Conde y matar a Lady Di (no del todo, por cierto), cada vez que se aprenden una palabreja nos la restriegan por las narices. Yo todavía no sé si el Laden (o Ladin) es Bin o Ben, si es Cruiff, Croiff o Craiff pero se me llevan los demonios cada vez que oigo decir Mécsico o Oacsaca sin que nadie le pegue un tiro al locutor de turno. Que seguro que es de Bilbado.
Interesantísimo, como siempre. saludos!
Esto me recuerda una anecdota que me contaron. Un catedrático de literatura inglesa da una conferencia sobre Shakespeare y comienza diciendo, "bien, en la obra de Shakespeare (y lo pronuncia tal como se escribe) a lo que un alumno (el listillo de la clase) le corrige. "Profesor, se pronuncia "Shekspier", (más o menos)y el catedrático replica "ah, saben ustedes inglés" y continuó el resto de la conferencia en un perfecto inglés que no entendieron la mayoría de los asistentes, incluido el listillo de marras.
Un saludo.
Cuando me contaron esta anécdota, alvarhillo, yo tenía 10 años y se la atribuían a Menéndez Pidal. Por entonces no había oído hablar jamás de tal señor y, mucho menos, de Chespir. Y en cuestión de idiomas, en mi pueblo todos los que hablaban en extranjero eran franceses. O sea, que no le vi puñetera gracia.
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