Y los sueños, sueños son
El 11 de mayo de 1966 es una fecha que me quedó grabada en la memoria. Aquel día debían producirse dos eventos que, por entonces, eran importantes para mí.
Por la tarde, el Real Madrid jugaba su 8ª final de la Copa de Europa después de eliminar, contra pronóstico, al Inter de Jair, Mazzola, Peiró, Suárez y Corso. Todavía me gustaba mucho el fútbol y, dado que el Betis no estaba en condiciones de aspirar a título alguno, mis preferencias se inclinaban por el Madrid.
Por la mañana tenía el examen final de Literatura de 6º de bachiller.
Yo fui un estudiante mediocre que, a base de estímulos externos, sacaba buenas notas.


Como él mismo se definía, Don Sixto era, eran, 120 kgr de carne de cura y, esto lo digo yo, un cura muy peculiar. Aparecía siempre 15 minutos antes de empezar la clase y aparcaba su Gogomóvil en la misma puerta del colegio. Sacaba una pierna, luego la cabeza y se enderezaba como podía, rascando las costuras de la sotana con el marco de la puerta del Gogo. Cuando, después de muchos esfuerzos, lograba poner su humanidad en la calle, volvía a meter la cabeza y, durante 5 minutos, manipulaba en el interior.

En su clase de Literatura seguía siendo peculiar.

El sistema de puntuación también era peculiar. La nota del primer mes se obtenía sumando la media aritmética de los resultados de las preguntas de clase con la nota del examen y dividiendo por dos. La nota bruta del segundo mes se obtenía igual pero la que aparecía en el boletín era la media aritmética de los dos meses y así sucesivamente.

En el examen del primer mes me engañó. Propuso 10 preguntas objetivas (ahora no sé como va la cosa pero, entonces, examen objetivo significaba contestar estrictamente a lo que se preguntaba). Sólo recuerdo una de ellas: Partes del Cantar de Mio Cid. Contestación objetiva: Cantar del Destierro, Cantar de las Bodas, Cantar de la Afrenta de Corpes. Obtuve un 5. Cuando le pregunté dónde había errado me contestó que en nada pero que había que premiar a los que se habían extendido.
En clase, Don Sixto nos colocaba según la nota media. De los 23 alumnos que formábamos el curso yo ocupaba el vigésimo primer lugar. Cambié los objetivos y sustituí la Física por Literatura. A finales de marzo, a pesar de partir con una primera nota baja, pasé a ocupar el primer puesto.

La noche del 10 al 11 de mayo tuve un sueño: En el examen final de Literatura me tocaba en suerte el tema 18, Lope de Vega; el Real Madrid perdía la final de la Copa de Europa por 2-1.
Como todo aficionado al fútbol sabe, el 11 de mayo de 1966, el Madrid remontaba el gol

Pero aquella mañana ya había pasado el examen de Literatura. Para evitar que copiásemos del compañero de pupitre, Don Sixto eligió temas diferentes según nos sentásemos en lugar par o impar. Me presentó tres fichas puestas boca abajo para que eligiese la suerte de mis compañeros. En estos casos, siempre, repito, siempre, elijo la primera de la derecha.

Aquel año había ganado a Auriol en la liga regular pero perdí estrepitosamente en el play off.
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