martes, agosto 07, 2018

¿A cuánto sale el kilo de gramática?


Arturo Pérez-Reverte es un académico preocupado por la gramática y, en especial, por la ortografía.  No hace mucho leí que le habían mandado un correo en el que le venían a decir que “Las reglas ortográficas son un recurso elitista para mantener al pueblo a distancia, llamarlo inculto y situarse por encima de él”. Contesta el académico en su columna Patente de corso y se explaya en la defensa de la lengua y en la descalificación de quienes abominan de las normas que durante años nos han ayudado a usarla correctamente; selecciono el siguiente párrafo:
“No sé si los españoles somos conscientes –y me temo que no- de la gravedad de lo que está ocurriendo con nuestro idioma común. Del desprestigio social de la norma y el jalear del disparate, alentados por dos factores básicos: la dejadez e incompetencia de numerosos maestros […], que tienen a los jóvenes sumidos en el mayor de los desconciertos, y el infame oportunismo de la clase política (¡ya apareció!), que siempre encuentra en la demagogia barata oportunidad de afianzar posiciones.

Nacido en un pueblo agrícola perdido en los confines de La Alpujarra, me tocó estudiar (con beca) según el plan de 1957, que requería aprobar el ingreso para acceder a cursar el bachiller. Aprobar ingreso era fácil. Bastaba con conocer las cuatro reglas de la aritmética, hacer más o menos bien un análisis morfológico y no sacar más de 3 faltas de ortografía en un  dictado de media página; el examen de conocimientos (oral) contaba poco: conjugar un par de tiempos de un verbo irregular y se acabó. Durante el curso fue en el dictado donde D. Francisco Palomino puso más empeño; eran importantes las reglas de ortografía, la acentuación de las palabras y los signos de puntuación. Las reglas se me resistían y resolví el problema estudiándome un manualillo que conservaba mi padre; manejaba bien los acentos de las palabras agudas, me defendía con las esdrújulas y rara vez acentuaba una palabra llana; la puntuación sigo sin tenerla clara y la empleo para hacer un intento de dar entonación a las frases… y, si algún significado no queda muy claro, le endiño un par de comas u ordeno el enunciado de otra manera. Creo que todo el mundo ha oído el chascarrillo del tío que escribió la frase: “SEÑOR MUERTO ESTA TARDE LLEGAMOS”, cuyo destinatario la entendió como: “SEÑOR MUERTO, ESTA TARDE LLEGAMOS”, cuando, en realidad, lo que quería decir era: “SEÑOR, MUERTO ESTÁ. TARDE LLEGAMOS”.

Es cierto que la Academia Española ha cambiado muchas normas para dar cabida a costumbres y usos de otros países que hablan español. Es el caso de la acentuación de los diptongos o vocales que, teniendo todas las características para formar diptongo, no lo hacen; no entiendo, sin embargo, la supresión de la tilde de algunas palabras como SOLO/SÓLO. No es lo mismo decir: VOY SOLO (sin compañía) A MADRID, que decir: VOY SÓLO A MADRID (y a ningún otro sitio).
No sé si la corrección en la escritura sirve para discriminar a las élites; en mis tiempos, la ortografía se aprendía básicamente en la escuela, y la escuela era obligatoria, para `pobres y ricos, listos y tontos, hasta los 14 años, si bien, en los pueblos casi ninguno llegaba a la edad reglamentaria. De aquella época conozco agricultores que escriben con una corrección exquisita, y licenciados cuyos escritos me ponen los pelos de punta. Hoy los “niños” están escolarizados hasta los 16 años y estudian gramática todos los años (los del plan del 57 sólo teníamos gramática en primero y segundo, es decir, a partir de los 12 años no volvíamos a oír hablar de lenguaje) sin que por ello escriban con mayor corrección que los paletos de entonces.

Pero seamos prácticos: aparte de la estética de los escritos ¿cómo se cotiza un texto que cumpla las normas ortográficas, morfológicas, sintácticas y semánticas? Aparte de los casos ocurrentes donde se pueden malinterpretar algunas palabras, da la sensación de que da igual escribir una palabra con b o con v, con g o con j, siempre que el destinatario sea capaz de entender  el mensaje. Pasando unos días en Melilla, mi primo Juan, que era médico militar, me enseñó una autorización para recoger el análisis de sangre de un soldado:
Que pace po lavoratorio pa recoje lanalizi de…
El portador de la nota se llevó el análisis de su pariente, que, a fin y al cabo, era a lo que había venido.
Me fastidia, sin embargo, cuando alguien te pide ayuda para calcular un porcentaje y pone excusa: “Es que soy de letras”. Todavía no me ha pasado, pero está al caer que la gente justifique su falta de vocabulario o errores de ortografía porque “soy de ciencias”.

Pero mire usted por donde, hace unos días cayó en mis manos un caso, antiguo ya, que reivindicaba el valor de la gramática. Los camioneros de una cierta compañía reclamaron el cobro de unas horas extras que la empresa afirmaba estar exentas de prima según la normativa aceptada por el sindicato. La normativa venía a decir algo así como:
“El pago de horas extras no se aplica a la actividad de enlatado, procesamiento, conservación, congelamiento, secado, comercialización, almacenamiento, embalaje para el envío o distribución de: productso agrícolas, carne y productos de la pesca, y alimentos perecederos”.
(… the canning, processing, preserving, freezing, drying, marketing, storing, packing for shipment or distribution of…)
Esto, que en español estaría correctamente puntuado, lleva a los jueces a la duda: ¿qué es exactamente lo que no está sujeto a prima: el embalaje para el envío y el embalaje para la distribución (no cobra prima el embalador), o el embalaje para el envío y la distribución del producto (no cobran prima ni el embalador ni el distribuidor).
Los abogados de la empresa defendían la segunda opción, mientras los sindicatos reivindicaban la primera. Y ahí entró en juego la gramática. En inglés se hace referencia a la Oxford Comma, que implica la separación por comas de nombres y adjetivos escritos como una serie, incluso aunque vayan separados por una conjunción coordinante. Lo que en español se escribiría como: He estado de vacaciones con Emilio, Juan y Amadora, en inglés se debería escribir: He estado de vacaciones con Emilio, Juan, and Amadora.
Y ese fue el criterio que siguieron los jueces: Estaban exentos del cobro de horas extras los empleados que se dedicaban al embalaje para el envío, pero tenían derecho a la prima quienes distribuían el producto. Hubieran tenido razón los empresarios si la normativa se hubiera escrito añadiendo la coma de Oxford:
(… the canning, processing, preserving, freezing, drying, marketing, storing, packing for shipment(,) or distribution of…)
Tal olvido les costó una pasta.
De lo cual yo también me alegro.
Los empresarios que usan el inglés, y sus asesores, ya saben lo que cuesta una coma.

Nota informativa: el que a mí me guste que la gente escriba bien, y determinadas faltas de ortografía (sobre todo de gente que debería saber) me pongan los pelos de punta, no implica que sea un experto en normativa gramatical. Al fin y al cabo yo nací en la primera mitad del siglo XX y estudié en las aulas de la dictadura.

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