martes, mayo 10, 2011

Terrassa: IX Fira Modernista

Si no recuerdo mal, la última vez que estuve en Terrassa fue allá por septiembre de 1973. Había hecho un “break” en mi formación académica y pasé año y medio aprendiendo algo de ingeniería técnica para justificar el tiempo sobrante del Máster de Informática que, por aquellos entonces, estaba llevando a cabo. Para no perder la costumbre, pasaba 8 meses a la bartola y me aplicaba intensivamente al estudio desde primeros de junio hasta que finalizaban los exámenes o caía rendido de sueño y el tirón no me daba para cubrir todas las asignaturas. En uno u otro caso, nunca suspendí más de una asignatura por convocatoria, por lo que el ratio asignatura aprobada/tiempo invertido era altamente positivo. A fuer de ser sincero, he de reconocer que no acostumbraba a presentarme a un examen si no había una probabilidad real de aprobarlo. En 1973, dado que tenía que dedicar las tardes a cumplir con la novia, sólo disponía de las noches para estudiar y, estratégicamente, seleccioné cuatro asignaturas para junio y tres para septiembre, aparte el dibujo, que daba lo mismo: al final me caía el borrón de tinta china. Estudiaba en una academia de Barcelona (muy cerca de donde se ubica mi ex quiosco) y me examinaba en la Escuela de Ingenieros de Terrassa; de ahí mi última visita a la ciudad, precisamente en el mes de septiembre.

Por eso aproveché la invitación de La Gárgola Impasible y me planté, junto con Quiosquera, en el meollo de la Fira Modernista. Nos juntamos un grupito bastante apañado. Además de los señores de Gárgola o de Impasible (nunca sé cómo llamarlos) y de los señores Quiosquero, andaban por allí Jaume Canyellas, señores de Haddock, Bandolera y Xavi, que poco a poco (este último) se va haciendo un hueco en el mundo del quiosco. Como estrella invitada tuvimos a Pablito Sánchez, que es bastante poco Pablito y sí una verdadera esponja a la hora de absorber conocimientos y asaetarnos con preguntas oportunas.

La primera parte de la fiesta consistió en un paseo por los puestos del lado izquierdo de la Rambla de Egara (o del lado derecho, según se mira en la dirección contraria). Herradores (de herradura), herreros (de hierro), fabricantes artesanos de guitarras, maestros del vidrio, lateros, y otros muchos oficios ya fenecidos, nos hacían recordar con nostalgia tiempos pasados.
Fue Quiosquera quién se dio cuenta.
- Canjáyar, ¿eso no es de por allí?
- Alpujarra almeriense.
- Pues mira, ya tienes a quien saludar.
Me acerqué un poco retraído; no es probable que por aquí haya otro Canjáyar pero… Vi las garrafas de aceite y la Santa Cruz.
- Sí, son los de por allí; la Masía no hace este tipo de aceite.
Y eso que iba envasado en plástico. Que digo yo que también lo hay en botella y, dado que nos habíamos trasladado a los inicios del siglo XX, lo lógico es que a la vista estuvieran los envases de vidrio. Lo que si estaba a la vista era un librillo titulado “La Plaça de Canjáyar”. Una señora, vestida a la usanza de la época, me explicó que la parada la montaban descendientes de inmigrantes de Canjáyar, que en Terrassa estaba la Plaça de Canjáyar y que en Canjáyar acababan de inaugurar la Plaza de Terrassa. Vamos, que Canjáyar y Terrassa son ciudades hermanadas.

Mientras esto sucedía, yo tenía una oreja puesta en las explicaciones de la canjilona (coño con el gentilicio) y el otro ojo en la parada de al lado, concretamente sobre unos ladrillos de cerámica que explicaban el ciclo vital del cerdo de granja que, como todo el mundo sabe, acaba con los chorizos secándose al aire. Y ahí estaba el problema; que olía a chorizo, a morcilla, a chicharrones (¡ay, los chicharrones!)… ¡a guarro! ¡Olía a guarro!
Aspiré hondo hasta que los efluvios me hicieron cosquillas en los alvéolos, me tapé el ojo que andaba disperso, di la vuelta y me alejé de la tentación. Menos mal que de allí nos fuimos a matar las penas del estómago pero, digan lo que digan, es más fácil aceptar el cambio de gato por liebre que el de vaca por marrano.

La tarde nos la tomamos con calma. Iniciamos el recorrido por la peluquería, en el mismo momento en que el peluquero titular iniciaba la construcción del Moño Modernista sobre la testa de la becaria de Gárgola, con fondo decorado por el mismo autor (Gárgola). Como levantar el edificio iba a llevar su tiempo, decidimos matar el rato presentándonos en el centro de reclutas del Ayuntamiento de la ciudad. Un veterano de Marruecos dirigía las operaciones de validación de los mozos aspirantes a héroe. El equipo médico se encargaba de evaluar las aptitudes físicas según la relación peso/altura, amplitud del pecho en inspiración (es decir, vivo), y perímetro de bíceps, tríceps y otros contornos. De los aspirantes aptos para el servicio, creo que fue Bandolera quien dio las medidas más equilibradas. La susodicha, junto al recluta Canyellas, fue enviada a Cuba en una misión fracasada, ya que salieron y llegaron en 1909 cuando la guerra ya había acabado. Fracasaron igualmente en tareas de espionaje y subversión de nativos, tal como demuestra la llegada de Fidel Castro al poder.
Idéntico resultado cosechó La Gárgola en su destino como piloto de una escuadrilla de cazas. Lo que no se le puede negar es el honor de haber sido “El último de Filipinas”, el último que llegó a Filipinas nada menos que con 11 años de retraso.
El único soldado que cumplió con su misión fue Pablito Sánchez. Destinado a la guerra del moro, se batió contra Abd el-Krim y mantuvo la presencia española en las plazas de Ceuta y Melilla.

Algo no debió ir bien entre las tropas destacadas en misión de paz. Recién habíamos acabado de alistar a nuestro grupo cuando pasearon en procesión a uno que había “alistado” antes de embarcar a destino. Parece que inspiró profundamente y, al soltar el aire, expiró. Aunque según observé al paso del cortejo fúnebre, el fiambre pudo haberlo sido a causa de enfermedad infecciosa que, con toda probabilidad, había contagiado a los empleados de pompas fúnebres; lo digo por lo pajizo de la cara de los porteadores.

No faltaron, como es de suponer, ni la banda de música ni los gigantes. Para no cansar al personal, eso lo dejaremos para contarlo el próximo año. Lo que no puede esperar es ver el resultado del Moño Modernista: igualito que un merengue gigante… pero de chocolate.

Ni la foto de familia.


PD.- No tiene nada que ver con el evento egarense, pero enlazo con el video publicado por dalr en alg@

1 comentarios:

A las 16/5/11 22:20 , Blogger LA GÁRGOLA IMPASIBLE ha dicho...

Espero que lo pasarais bien. Para mi fue un autentico placer.
Abrazos

 

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